Entorno

Ventas o margen: la encrucijada de la moda ante la huelga de estibadores en EEUU

Con el avión como método de transporte habitual, algunos gigantes miran al conflicto de reojo, con la esperanza de que se resuelva y no termine impactando en el comercio internacional a las puertas de la campaña de Navidad.

Ventas o margen: la encrucijada de la moda ante la huelga de estibadores en EEUU
Ventas o margen: la encrucijada de la moda ante la huelga de estibadores en EEUU
Hay cerca de 100.000 contenedores en los puertos del área de Nueva York esperando a ser descargados, y 35 barcos contenedores llegarán a las infraestructuras neoyorquinas la próxima semanana.

P. Riaño

2 oct 2024 - 05:00

“Nada se va a mover sin nosotros… Nada”. Así de rotundo se expresaba ayer el representante de los 45.000 trabajadores portuarios de Estados Unidos que desde el martes a las doce de la noche han dejado de trabajar, en la primera huelga de este sector en el país en más de cincuenta años. “Who are we? ILA. What we going to do? Shut’em down”, gritaban ayer los piquetes en los puertos, en referencia a la Asociación Internacional de Estibadores (ILA) y a cómo pueden llegar a cerrar un país, que estima pérdidas de 5.000 millones de dólares por día de paro.

 

Con una cadena de suministro ya tensada por la crisis del Mar Rojo, la moda sigue de cerca la negociación entre patronal y sindicatos que, de no resolverse, podría terminar impactando en la campaña navideña. Renunciar a ventas, buscar rutas alternativas u optar por el avión castigando las márgenes son las tres alternativas que tienen sobre la mesa las empresas con negocio en Estados Unidos.

 

De la duración del paro (la Casa Blanca ha instado ya a ambas partes a encontrar una solución) dependerá la afectación de la supply chain internacional. De alargarse, podría tener impacto en el tráfico internacional de mercancías, pues un total de 36 puertos de Estados Unidos están afectados, de los que depende el 60% del volumen de contenedores de todo el país. Nueva York, Baltimore, Virginia, Savannah (Georgia) o Houston son algunas de las instalaciones portuarias que protagonizan la huelga.

 

 

 

 

Según datos aportados por la autoridad portuaria de Nueva York y New Jersey y recogidos por Reuters, hay cerca de 100.000 contenedores en los puertos del área de Nueva York esperando a ser descargados, y 35 barcos contenedores llegarán a las infraestructuras neoyorquinas la próxima semana.

 

A las puertas de la campaña de Navidad y con unas elecciones presidenciales a la vista, el paro en los puertos se suma a las disrupciones que han afectado a la cadena internacional de suministro durante los últimos años, comenzando por la crisis del Covid-19 y terminando por la del Mar Rojo. El sector de la moda, que tiene en Estados Unidos uno de sus grandes mercados de consumo, sigue de cerca la evolución del conflicto.

 

Según diversas fuentes del sector consultadas por Modaes, todavía es pronto para estimar el impacto en el sector de esta nueva crisis, coincidiendo con la declaración pública realizada por Ikea. “Estamos monitorizando de cerca la situación y deseamos un acuerdo entre las partes -ha dicho el fabricante de muebles-; es demasiado pronto para comentar sobre cualquier impacto que la huelga pueda tener sobre nuestra cadena de suministro”.

 

Con la afectación en el medio y largo plazo aún como una incógnita, la industria de la moda se centra en resolver los problemas que el paro puede provocar en el corto plazo, es decir, para hacer llegar las prendas a tienda en las próximas semanas, a pocas semanas del inicio de la campaña más importante del año.

 

 

 

 

Algunos gigantes europeos de la moda, de momento, miran a la nueva disrupción como un problema algo lejano. Las principales compañías, como Inditex o Mango, utilizan el avión como método de transporte de las prendas a Estados Unidos, por lo que el paro portuario no les afecta. Otras con márgenes más ajustados, como Primark, utilizan el barco, por lo que han comenzado ya a buscar opciones.

 

Más allá de los grandes, el grueso de las empresas del sector de tamaño medio con actividad en Estados Unidos tienen el barco como medio de transporte de su mercancía al país. Ante ellas se abren dos opciones: buscar nuevas rutas de transporte que lleven a puertos de Canadá o México para introducir la mercancía o utilizar el avión como método de transporte. Una tercera opción sería dejar perder la campaña ante las dificultades del transporte.

 

Al final, o pierdes mercado o pierdes margen -señala un empresario del sector-; si renuncias a una venta ahora la perderás para la temporada que viene y si vuelas perderás dinero una temporada”. “Buscar nuevas rutas podría implicar sumar días, que ya están inflados por el cambio de ruta por la situación del Mar Rojo”, agrega otro.

 

 

 

 

Cronología del conflicto

La International Longshoremen's Association (ILA), que representa a 45.000 trabajadores portuarios, y la United States Maritime Alliance (Usmx) comenzaron a negociar a mediados de mayo un nuevo acuerdo laboral ante la finalización del contrato entonces vigente, con una duración de seis años y que expiró anteayer, 30 de septiembre.

 

En junio, la ILA rompió las negociaciones por desencuentros con la patronal relativos a la automatización de los puertos. En aquel momento trascendió que operadores como APM y Maersk estaban comenzando a introducir camiones sin conductor, según Reuters.

En julio, los representantes de los trabajadores pusieron sobre la mesa la amenaza de una huelga y en agosto la Usmx denunció que le había sido imposible conseguir una cita para retomar las negociaciones.

 

Con la petición de un aumento salarial por parte de los estibadores del 77% en seis años y la contraoferta del 50% por parte de la patronal, las posiciones se han enrocado en septiembre y sectores como la agricultura han llegado a pedir su intervención a la Casa Blanca.

 

En 2002, George W. Bush utilizó la Taft-Harley Act, de 1947, para forzar a los operadores a reabrir las infraestructuras de la costa este del país. Esta cláusula permite al presidente suspender un cierre durante ochenta días, durante los cuales se trata de llegar a un acuerdo. En 2022, Joe Biden paró una huelga en el transporte por tren, pero la proximidad de unas elecciones podría hacer que esta vez no interviniera.